Reflexiones sobre la Asamblea ciudadana de París

Después de nuestra segunda Asamblea ciudadana donde estamos intercambiando opiniones, puntos de vista y proposiciones diversas, me parece útil como ejercicio distinto al de las alocuciones pronunciadas por tod@s, expresar una opinión escrita sobre el tema.

Me parece interesante el ánimo colectivo que nos encamina a crear una instancia transversal y horizontal, en cierta medida referencial de lo que nos une a la lucha del pueblo chileno. En ese sentido, la Asamblea ciudadana recoge distintas sensibilidades políticas, medios sociales y experiencias varias, lo que enriquece la diversidad del movimiento en la búsqueda de objetivos claros, graduales en el tiempo y con visos estratégicos en su formulación.

Nosotros estamos insertos en una dinámica internacional y global que prende al calor de las luchas del movimiento estudiantil chileno, así como de los combates llevados por el movimiento 15-M de los « indignados » españoles, griegos, hoy día estadounidenses, sin olvidar las revueltas de la primavera árabe, especiaalmente en Túnez y Egipto… siendo el denominador común de estas movilizaciones masivas, el rechazo frontal al sistema capitalista neoliberal imperante en cada uno de estos países, como en muchos otros que no tardarán en manifestarse abiertamente en las calles.

Como decía nuestro compañero Juan, de Murcia, el diagnóstico está hecho, ahora se trata de colocar en el tapete el conjunto de reivindicaciones sociales, económicas y políticas que cuestionan cabalmente el rol de los Estados y sus representaciones políticas disociadas de la realidad de las grandes mayorías. Simbólica y concretamente, llegó el momento de colocar el Parlamento en la calle creando democracia participativa, « participalista » como dicen nuestros camaradas españoles, deslegitimando permanentemente las instituciones corruptas del Estado, sus parlamentos burgueses dominados por el poder financiero, sus formaciones políticas entregadas al capital y sostenidas incondicionalmente por los aparatos represores creados y desarrollados para estos fines.

La Asamblea popular ciudadana constituye así, una respuesta necesaria, consciente y militante que busca contraponer un poder alternativo en una perspectiva estratégica. La crisis crónica del capitalismo que pretende salvaguardar el sistema a partir de la inequidad, la injusticia y la falsedad ideológica, y que intenta perpetuar la polarización de las sociedades a partir de la acumulación de las riquezas expropiadas a la fuerza del trabajo, alienando de sus derechos a los desposeídos del planeta, socava cada vez más la sustentabilidad del sistema en términos de su factibilidad, lo que producirá inevitablemente una explosión social.

El insostenible cinismo de las dirigencias políticas, que con mucha argucia se empeñan en hacernos creer que las deudas contraídas, los déficits fiscales, provendrían de un excesivo gasto público que requeriría de un reajuste compensatorio financiado por los pueblos, mientras los poderosos de este mundo se enriquecen cada vez más a costa de los que crean la riqueza. El despertar de los pueblos asimila perfectamente el contrasentido y descaro de las clases dominantes que socializan las pérdidas y privatizan las ganancias.

Basta! pareciera ser la consigna actual y de alli surge la necesidad de repolitizar los espacios, de tomarse las calles y plazas, de ocupar las instituciones del Estado, tal como lo han hecho en innumerables ocasiones los estudiantes chilenos, que con su ingeniosa y encarnada lucha han colocado en jaque al gobierno durante ya 6 meses.

En tanto chilenos en el exterior, aunque no me siento concernido formalmente, pues renuncié a mi nacionalidad en el mes de junio, nos asiste un rol de resonancia respecto a las batallas que se libran en el país. Aún cuando la distancia connote límites insalvables, no es menos cierto que el apoyo que podamos brindar desde aquí tiene un sentido manifiesto y que los mismos chilenos de Chile aprecian y solicitan. Nuestra capacidad de internacionalizar la lucha de los chilenos, porque hoy día son los estudiantes, como ayer fueron los Mapuche y mañana serán otros sectores, debe constituir un eje de pensamiento y de acción insoslayable. Si nos remitimos a los propios propósitos de los dirigentes de la CONFECH en ese tema, nuestra conclusión debiera plasmarse por un apoyo irrestricto hacia ellos en sus demandas y necesidades financieras y de difusión de sus ideas y acciones, creando conciencia en el medio francés de la justeza de sus reivindicaciones.

Sabemos que la lucha será larga, desigual y combinada. Habrán, como en todo proceso de cambio, altos y bajos, aciertos y despropósitos, pujanzas y desfallecimientos…pero lo esencial a no perder de vista será la perseverancia, la paciencia y el aprendizaje de escuchar el Otro. No pueden haber avances significativos en una « estructura » horizontal, ni puede ser garantía de continuidad de apoyo, sin que medien otros factores indispensables, como el despojarse del protagonismo siendo retaguardia activa y complementaria de objetivos comunes, ni reproducir viejos y consabidos desaciertos organizacionales que a través de cúpulas emanadas de una concepción de verticalidad, terminan por dividir el movimiento y desnaturalizar sus objetivos.

Estamos en los albores de un proyecto loable y noble, pero no nos engañemos pensando que vamos a obtener resultados inmediatos o « cortoplacistas » sin habernos previamente confrontado a nuestras propias experiencias y modos de plantearnos la problemática global. Me atrevo a señalar que los chilenos tenemos un « handicap » histórico, cual es el de no haber asumido la derrota como pueblo y sólo la hemos circunscripto a las divergencias existentes entre distintos actores del proceso de la Unidad Popular, a menudo expresadas en concepciones disonantes de acuerdo a un proyecto político determinado de sociedad. No fue así el caso de los vietnamitas que siempre preservaron la unidad en la diversidad, levantando como estrategia la guerra del pueblo, y desarrollando una retaguardia activa y militante en diapasón con los intereses del interior en guerra contra el imperio.

En ese sentido, los planteamientos que surgirán sobre la conducción política del proceso en Chile, no van a dejar de sorprendernos. Más aún, en poco tiempo veremos el « reordenamiento » de las fuerzas políticas, independientemente de la evolución del movimiento estudiantil y de los otros sectores sociales que entrarán en confrontación directa con el gobierno de Piñechet. Nosotros mismos, en el seno de la Asamblea ciudadana no podremos eludir el debate, y las convergencias y disensiones , reaparecerán naturalmente por sobre las buenas intenciones iniciales.

Ese es nuestro desafío, cómo enfrentar airosamente las conjeturas que nos impondrá la realidad?

Cómo superar los desacuerdos posponiendo los intereses personales, asociativos o partidistas en función de un interés colectivo superior?

De allí la necesidad de expresar claramente nuestros objetivos como Asamblea y crear los instrumentos que la hagan factible. Todo proyecto necesita un mínimo de organización. La idea que recorre nuestros pensamientos de crear comisiones funcionales al proyecto no es reprobable en sí. Por el contrario, debemos alimentar iniciativas que implementen eficientemente nuestro apoyo a la lucha de los chilenos, pero no podemos avalar la formación de comisiones sin que definamos previamente el rol que asuman y que no sea en detrimento de esa horizontalidad compartida que auspiciamos. En ese plano, creo que necesitamos crear la flexibilidad necesaria para que ninguna comisión pueda caer en la tentación de un poder paralelo y autónomo a la Asamblea. La rotación pareciera ser un buen paliativo a ese peligro. Debiéramos preservar por sobre todas las cosas, la esencia de la Asamblea, es decir su soberanía. Las decisiones deben ser tomadas en el seno de la Asamblea, cualquiera sea su composición en una de sus sesiones, con el objeto de impedir que se recreen instancias burocráticas con poder de decisión privado en relación al conjunto de sus miembros.

Por cierto hay innumerables elementos y situaciones que debiera atraer nuestra atención, y no es mas que en la Asamblea que deben confrontarse las ideas que surgen de cada uno en aporte al colectivo.

Ulises Urriola

Paris, el 1° de noviembre 2011

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Un commentaire pour Reflexiones sobre la Asamblea ciudadana de París

  1. Constanza Symmes dit :

    Excelente aporte del companero Ulises. Qué importante que el blog de la Asamblea comience a nutrirse con columnas como esta, que van marcando el horizonte a construir colectivamente.
    Me gustó la idea de sacar el parlamento a la calle. Hace mucho que « las calles » han sido vaciadas de ciudadanos que parlamenten. De alguna manera estamos empujando la emergencia de un nuevo espacio público, desde el pequeno pero potente espacio de la Asamblea. GRACIAS ULISES!

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